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domingo, 24 de julio de 2016

ESPAÑA EN EL ALMA: "BODENAYA"

Era pequeña. Tendría nueve o diez años. Estaba sentada en el tronco de un árbol que un rayo travieso había partido en dos. Con sus codos apoyados en sus rodillas y las manitas sosteniendo su cara, miraba el paisaje verde coronado de montañas nevadas, allí en su Asturias Natal.
De vez en cuando se fijaba en las ovejas que pastaban a su alrededor y las contaba. Si alguna de ellas faltase, tendría que salir a buscarla, tal la orden recibida. A su lado una cestita con su merienda.
Sus pensamientos volaban. Pensaba en su mamá y en sus tres hermanitos, dos mujeres y un varón, que estaban haciendo distintas tareas por el campo. En su papá ya no pensaba. Los había dejado cuando ella era bebé para ir a probar suerte a otro país y nunca había regresado. Tal vez ella, en algún momento, podría hacer lo mismo y salir de esa monotonía que la aburría.
Y ese “Tal vez” se dio cuando tenía diecisiete años. Alguien le propuso a su mamá llevarla a América. Una vida más promisoria, más posibilidades para crecer culturalmente y salir de esa vida dura de campo que no era para ella, frágil de salud.
Aceptó con alegría y como despedida dijo: -“Prepárese madre. En dos años devolveré el dinero que nos prestaron para que yo pueda viajar, y luego todos mis esfuerzos estarán puestos en llevarla conmigo. Vaya preparando su valija, falta poco. Se abrazaron con la emoción de una madre y una hija que tienen que separarse quién sabe hasta cuándo. En pocos días, llegó a un lugar de la Provincia de Buenos Aires, Argentina.
La primer parte de su promesa la cumplió. Devolvió peseta por peseta el dinero que adeudaba. El trabajo aquí también era pesado. Limpiar para otros y recibir órdenes no era grato, pero quedaba otra promesa para efectivizar. Cuando ya faltaban unos pocos pesos para terminar de pagar el viaje de su mamá, recibió una carta escueta y dolorosa: - “Lamento mucho comunicarte querida hermana, que madre murió ayer. Hoy efectuamos sus exequias. Paciencia y fortaleza. Te queremos” –
Lloró como se llora la falta de una madre y más, porque también lloraba por un sueño Perdido.
Al poco tiempo se casó con un compañero de viaje y vecino del lugar donde había nacido. Ellos querían tener un hijo, pero el sueño se derrumbaba mes tras mes. Tal vez en el otro..... Decían para consolarse, y tras diez años de casados ese “Tal vez” se hizo realidad nuevamente, y una niña vino a alegrar sus vidas. Así pasaron muchos años, hasta que un día partió a encontrarse con su amada madre.
Mamá querida: Tal vez, en cualquier momento, nos juntemos las tres para abrazarnos, besarnos y no separarnos nunca más.

Elsa Lorences de Llaneza
(La foto es de la casa donde nació mi mamá hace más de 100 años, ahora convertida en Parador para los caminantes que van hasta la Catedral de Santiago Apóstol.)

*Este relato recibió el Premio Literario Juan Lucián de Narrativa Bonaerense.

domingo, 19 de junio de 2016

HOMENAJE AL CENTRO ASTURIANO DE BUENOS AIRES por ELSA LORENCES DE LLANEZA

* Fotos de la presentación del libro (tapa e interiores)

HOMENAJE AL CENTRO ASTURIANO DE BUENOS AIRES
Me he sentado a recordar
y analizar mi vida ya pasada.
Mi juventud actualmente avejentada,
por los años que se fueron tan de prisa.
Hay recuerdos que sucedieron hace mucho
pero siguen vigentes en mi mente:
Mis padres y su amor a la tierrina
de donde cuando eran mozos se marcharon
buscando un lugar donde asentarse
y olvidar los horrores de la guerra,
para formar un hogar y tener hijos
y enseñarles la pasión por las montañas,
por donde corretearon cuando críos.
Dejar su tierra y llegar a un país extraño,
que aunque el mismo idioma ya se hablara,
las costumbres serían diferentes
y el terruño se extrañaba.
Era la época de inmigrantes tristes
pues la familia quedó lejana
y se necesitaba compartir con otros las nostalgias.
Así se crea el Centro que de asturianos se llenaba.
Y ese compartir, esa esperanza de regresar otra vez a España
y poder visitar a la Santina,
hizo que nuevamente el entusiasmo retornara
y con él la alegría de sentirse como en casa.
Y allí vuelve a nacer el hogar abandonado,
recuperado en otra tierra
que les dio cobijo y que jamás los despreciara.
Y ese Centro brilló y fue creciendo con bailes,
con canciones y con gaitas,
y los padres llevaron a sus hijos
y les enseñaron amar a Asturias
así como ellos la amaban.
Y me quedé pensando… que fui una más
en la que en años mozos,
allí bailé y canté al son de panderetas
y a este Centro que amé con gran locura,
le entregué mi corazón sin conocer a Asturias.
Hoy se cumplen cien años,
y muchos de aquellos que lo hicieron,
partieron a mirarnos desde el cielo.
Pero la esencia, esa esencia que trajeron
de su tierra asturiana,
está aquí, entre nosotros,
haciendo renacer esa esperanza,
otra vez con bailes y canciones
y esa canción inolvidable
que conocemos todos:

Santa María,
en el cielo hay una estrella
que a los asturianos guía.

Y alzo mi copa y hago mi brindis,
para que por otros cien
aquí presentes estemos todos
festejando la tierrina y
rindiendo culto a todos los asturianos,
que llegaron a esta tierra y,
cantando y bailando levantaron
este Centro, para cobijar su melancolía.

Elsa Lorences de Llaneza

* Poema publicado en el libro homenaje por los 100 años del Centro Asturiano de Buenos Aires.

viernes, 10 de junio de 2016

POESÍA: "Mi viaje a España" por Elsa Lorences de Llaneza

Poco antes de salir para España en el año 2011, escribí este sencillo poema con toda la ilusión y la alegría de que Dios me regalara este viaje tantos años soñado por mí.
Me voy a España.
No puedo creerlo.
Cierro los ojos
y veo a mis padres
haciéndome un guiño
desde el más allá.
Sueño adorado,
sueño increíble
que si Dios quiere
se cumplirá.
Pisar Asturias,
ver la Santina,
cumplir promesa
de besar tierra
cuando yo llegue.
¡Cuánta emoción!
Ir a Santiago Compostelano
arrodillarme junto a su tumba
pensar que a Cristo acompañó.
¿Es cierto Padre o estoy soñando?
Dime que es cierto
que es un regalo
para esta humana
que tanto tiempo lo esperó.
Gracias Dios Santo,
gracias te doy.
Mi vida es tuya
Tú bien lo sabes.
Yo te la entrego en este viaje.
Cuídame siempre,
vuélveme pronto.
Yo te lo ruego
¡Gracias Señor!

Elsa Lorences de Llaneza
elsalorences@yahoo.com.ar
(4 de Abril 2011)
* Cómo anécdota puedo contar que, a pesar de que lo soñé durante muchísimos años, y recibí chanzas a montones de mis hijos, nunca pude cumplir el sueño de bajar del avión en Madrid y ponerme de rodillas para besar la tierra española. Ahora es todo más moderno. Se pasa por mangas, por subtes bajo tierra que te llevan a la terminal y por ascensores ultra modernos y cuando querés darte cuenta, ya estás en el estacionamiento.
Por eso aconsejo al que tenga ese deseo abstenerse de pensar como yo pensaba. *

domingo, 29 de mayo de 2016

POEMA: "Asturias yo también te canto" por Avelino Lorences

Argentina soy señores,
yo mi Patria no la niego
Argentina o Asturiana
después derechito al cielo.

Para cantar desde allí
junto con todos los Ángeles
a la gran tierra Asturiana
donde nacieron mis padres.

Te cantaron los poetas,
los músicos y pintores
y hoy canta todo el mundo
el heroísmo de tus hombres

Le cantan a la Felguera,
Mieres, Langreo y Laviana
toda la cuenca minera
del carbón la soberana.

Cantan a Truvia la heroica
a Pravia y Villaviciosa,
las de las manzanas dulces
y la sidra deliciosa.

Cantan a la cuatro Polas
y a Oviedo su capital,
como así a todos los pueblos
de Asturias la sin igual.

Cantan tus excelsos ríos
el Narcea y el Nalón,
que riegan fértiles prados
de esplendoroso verdor.

La bravura de Pelayo
también el mundo cantó
que es símbolo de nobleza
de hidalguía y de valor.

Le cantan a Covadonga
su Virgen idolatrada
muy venerada por todos
por pequeñina y galana.

Y yo desde la Argentina
que es mi tierra adorada
canto con voz cristalina
¡ASTURIAS GLORIA DE ESPAÑA!

Avelino Lorences
(1-10-1950)
* EL RECUERDO... Mi padre: Avelino Lorences escribió este poema en el año 1950 cuando yo tenía 7 años. Todavía recuerdo cuando lo recité para la fecha de Covadonga en el Centro Asturiano de Buenos Aires. ¡Qué tiempos aquellos! ¡Cuánto amor había y hay en mí por la tierra donde nacieron mis padres y mi esposo!
Elsa Lorences de Llaneza

sábado, 21 de mayo de 2016

POESÍA: "Covadonga" por Avelino Lorences

Tengo de ir a Covadonga
y subir hasta la cueva,
para adorar a la Virgen
que todo Asturias Venera.

¡Covadonga, Virgen Santa!
Con tú nombre pronunciar
siente uno tal esperanza,
que todo puede alcanzar.

Tú fuiste símbolo y gloria
en las batallas de Pelayo,
desde entonces la historia
te hizo un recuerdo sagrado.

Tú brillaste esplendorosa,
entre la tropa cristiana
que causó la gran derrota
al poder del moro Al-Kamah.

Fuiste consuelo en los montes
contra la barbarie moruna
y eres guía de los emigrantes
cuál no lo ha de ser ninguna.

Que al abandonar tu tierra
te llevan en el corazón
y en Europa o en América,

Que de Castropol a Llanes
y de Somiedo hasta Avilés
hay tuyos tantos altares,
como laten corazones.
Y tanto por lo pequeñina,
lo mismo que por Galana,
te adoran en la Argentina
como te adoran en España.

¡Covadonga, Virgen querida!
Por todos los asturianos,
yo se que de noche y día
debes del cielo mirarnos.

Tú que reinas entre flores
en las cumbres del Auseba,
haz que florezcan amores
y que no exista la guerra.

Cobíjanos bajo Tu manto
estando lejos de tu tierra
aunque recordándote tanto
como a la madre nuestra.

Por eso con Santa Unción
desde esta patria querida
yo te pido a Ti protección
para España y la Argentina.

+Avelino Lorences

miércoles, 18 de mayo de 2016

"ARGENTINA TIERRA PROMISORIA" por Elsa Lorences de Llaneza

Estaba acodado en la barandilla del barco, en un lugar que se encontraba solitario. Lejos del mundanal ruido de las gaitas, las castañuelas, los pasodobles y las risas de los emigrantes que, como él, esperaban el arribo a otro mundo, a otra vida. Las olas que levantaba la nave le hacían pensar en la espuma que hacía su madre cuando lavaba a mano la ropa, arrodillada en aquel riacho situado a metros de su casa. Cerró los ojos y la vio caminando hacia ella con el tacho de ropa limpia sobre su cabeza haciendo equilibrio para que no se le cayera. Siempre admiró su fortaleza.
Sin abrir sus ojos vio su casa, como si la tuviera enfrente, metida entre las montañas de su Asturias natal. El paisaje era hermoso ahora que lo miraba de lejos, pero había sido difícil llevar a pastar las vacas y los bueyes por esas angostas subidas y bajadas de los caminos. 
Volvió a pensar en Rosa, su mamá cuando falleció de fiebre española dejando a tres niños pequeños. ¡Cuánto la había llorado! Pero la vida continuó y Paco, su papá, se volvió a casar con otra mujer que le había dado 3 hijos más. María era buena con ellos y los quería como a sus propios hijos, pero un día él sintió ganas de otros aires y decidió irse.
Se sentía triste, pero con una tristeza esperanzadora. Hablaban tanto en el pueblo de Argentina como tierra de promisión, que ya se veía un potentado. Lo primero que haría sería comprarse una casa y un coche y luego traer a sus hermanos a los que también les compraría la casa. El coche que se los compraran ellos con los buenos sueldos que ganarían. Lo importante es que salieran de esos trabajos rudos de montaña que no eran para pequeños. Además él quería crecer, estudiar, Sentía en su alma un hálito de poeta que en su casa no podía desarrollar. Apenas había podido terminar el primario. Pero a pesar de todos sus sueños y esperanzas, el despegue era duro. Ya no se veían las costas de España. 
Solo agua en el horizonte y su corazón achicado de angustia. ¿Habré hecho bien? - se preguntaba entre las lágrimas que habían empezado a correr por su cara.
Sin embargo un pensamiento le hizo cambiar de expresión. Se secó las lágrimas con las mangas de la camisa y comenzó a recordar a esa chica que iba en el barco. Era de su misma edad y lo había flechado. Si bien ella coqueteaba y se reía, cuando el se le acercaba, veía en sus ojos una chispita que le decía que no le era indiferente. Amor de muchacho solo, se decía. Quién sabe que pasaría cuando llegaran a Buenos Aires.

Estaba en estas elucubraciones, cuando apareció José, su compañero de travesía que venía corriendo y gritando: “Avelino, Avelino, ven, ya se divisan las costas de Buenos Aires”- Corrió con él. Argentina, tan soñada, la que le iba a dar todo y más. Se fue a la habitación que le habían designado en tercera clase y tomó el traje más nuevo que llevaba. Volvió a donde estaba el grupo y revoleándolo lo tiró al Río de la Plata. Era el tributo a esa nueva tierra que lo albergaría a partir de ahora. Cuando pisó tierra e hizo los trámites de aduana, se dio cuenta que en el revuelo había perdido de vista a esa chiquilla que lo había enamorado toda la travesía.
Pasaron dos años de luchas y de trabajo que, si bien no eran tan rudos como los que hacía en España, también le demandaban muchísimos esfuerzos. Hacía changas cuando se presentaban, comía cuando podía y dormía en una pensión de mala muerte. Había que vivir y no era fácil. ¡Cuantas veces se acordó del traje que tiró al río! ¡Qué estupidez había cometido! No sabía si en algún momento iba a tener el dinero para comprarse otro.
Cierto día, cuando ya su vida se había convertido en padecimiento, se encontró
en casa de unos “paisanos” con la niña del barco, y fue mirarse nuevamente a los ojos y allí supieron que nunca más en la vida se desligarían. Hasta que la muerte los separe, juraron Avelino y María del Rosario en la Iglesia de San Pablo de Capital a los 22 años.
Rosario tampoco lo había pasado bien. De princesa de su casa, aunque tenía que cuidar las ovejas, pasó a chica para todo servicio, como se las llamaba despectivamente a las inmigrantes. Tuvo que cambiar repetidas veces de casas porque los patrones se querían abusar de ella. ¡Cuánto había llorado! ¡Cuántas veces pensando en regresar pero no podía juntar el dinero para el pasaje! Ahora eran dos para luchar y se sentía más protegida. Fueron tiempos difíciles. En lugar de la casa soñada por Avelino, tuvieron que ir a vivir a un conventillo. Casa larga como chorizo (le decían) con muchas piezas y en cada una se acomodaba como podía una familia, que podían ser dos, tres o cuatro personas, un solo baño y una sola cocina. Cola para el baño, horario para cocinar. Era denigrante vivir así. Avelino sufría porque quería bajarle el cielo a Rosario, pero solo podía ofrecerle esa mísera vida.
Trabajaban duro los dos. Avelino había podido colocarse como camionero de un frigorífico y ella en una fábrica de medias. Por lo menos tenían un sueldo a fin de mes y se estaban estabilizando poco a poco.
 Sin embargo algo ansiaban con toda el alma, más Avelino que, todos los meses, veía derrumbarse sus esperanzas. Durante diez años esperaron en vano. Sus sueños ya se habían casi disecado cuando recibieron la noticia. ¡Iban a tener un hijo!
Él no podía con su alegría. Se lo contaba a todo el mundo. Lo sabían todos los comerciantes del barrio. También sabían que la ilusión más grande era que Dios les enviara una nena. ¿Qué hubiera sido de Avelino si hubiera nacido un varón? Nunca se supo porque el Señor escuchó sus ruegos y les envió una niña. Ahora tenía que trabajar más que nunca, porque Rosario se tenía que ocupar de la pequeña y había que cambiar de casa, porque no podían tener a su princesita viviendo en esas condiciones infrahumanas.
 Y así fue. En el trabajo lo ascendieron, el sueldo aumentó y al fin pudieron alquilar un departamento donde estaban solos. Se hicieron socios del Centro Gallego para cuidar su salud y del Centro Asturiano donde, todos los domingos, se encontraban con sus queridos paisanos e intercambiaban vivencias mientras rememoraban su tierra natal y bailaban algún que otro pasodoble.
Los años fueron pasando como golondrinas que emigran pero que nunca regresarán. Avelino pudo cumplir su sueño de traer a sus hermanos, menos uno que quiso quedarse con sus padres.
Elsa crecía y ya iba a la escuela primaria, mientras su papá le hablaba de Asturias, de sus romerías, de la Virgen de Covadonga y de sus paisajes. A los siete años la anotaron en bailes españoles y recitado.
Al mismo tiempo, Avelino, comenzó a sentir nuevamente en su interior la llamita del arte, más precisamente de la poesía. Un Don muy hermoso le había regalado Dios, pero él, en su humildad, no sabía reconocerlo. Quería escribir. Transportar al papel lo que sentía en su alma, pero no tenía estudios suficientes. ¿Cómo hacer?.
Un día apareció en su casa con un diccionario. Se lo había comprado para ayudarse con la ortografía. Lo demás era obra de Dios.
Y las palabras nacían a borbotones, sin pensar y esas palabras iban formando versos con rimas. Y así fue dedicando poemas a todos los pueblos y a las cosas más queridas de su Asturias natal. A su vez, su hija, ya recitadora, los iba representando en el Centro Asturiano.
Un día Avelino, que había progresado en su trabajo medianamente y tenía un negocio en la localidad de Martínez, se dio cuenta que estaba para más, y como el viaje de ida y vuelta era largo, se dispuso a escribir una obra de teatro.
En su casa todos sus familiares se quedaron con la boca abierta. ¿Casi un ignorante y con pretensiones de escritor!, decían algunos. Si, era demasiado ambicioso, pero el Don de Dios estaba con él. Todos los días, en su viaje en tren y luego en colectivo, ayudándose con el mataburros, como llamaba a su diccionario, fue dando forma a una obra típicamente asturiana. Los personajes un poco inventados y un poco vividos y el resto una comedia de enredos pueblerinos. Cuando la terminó, la presentó a las autoridades de Cultura del Centro Asturiano y siendo aprobada, comenzaron los ensayos para representarla. En Septiembre, día de la Virgen de Covadonga. Su hija, la protagonista, dado que en esa época estudiaba teatro, compartió con su padre las mieles de su triunfo.
El salón lleno de gente. Familiares, amigos y paisanos que querían saber que había salido de la pluma de ese hombre inmigrante, campesino y sin estudios. Al final de la obra, todo el mundo se paró y lo ovacionó y las lágrimas corrían por las mejillas curtidas de Avelino.
Dos años después se repitió lo mismo con otra obra, con distinta temática. En el escenario las gaitas, las panderetas, los vestidos típicos, las madreñas y las canciones asturianas, humedecían los ojos del público que, otra vez respondió masivamente a la convocatoria.
Ese puñado de hombres y mujeres, todos ellos emigrantes, que recordaban con alegría y nostalgias sus años mozos en esa tierra asturiana que nunca jamás sería olvidada.
Pasó poco tiempo cuando Avelino recibió otra gran alegría. Su hija se casaba con otro asturiano, de Mieres. ¿Puede un asturiano sentir más placer que ver a su hija casada con otro asturianín?. Eso al menos reflejaba la cara de Avelino cuando veía a Elsa y a Manuel juntos. Sin casa, sin auto, pero su mejor obra y su mayor tesoro estaba allí, vestida de blanco dando el sí para toda la vida, como había hecho él con Rosario hacía muchos años atrás.
Lamentablemente una triste noticia vino a empañar todas estas alegrías. Paco, su padre se estaba muriendo y quería verlo. Y allí fue. Regresar a Asturias, después de tantos años, para ver morir a su padre, fue movilizador. Demasiado movilizador y Avelino regresó a la Argentina, pero ya nunca volvió a ser el de antes. Dejó de escribir, se jubiló y se dio cuenta que esta tierra a la que el creía tan promisoria, para él no lo había sido. No le había dado nada material. Ni casa, ni coche, ni había podido conservar su negocio porque una ley había declarado zona residencial donde se hallaba situado y había perdido todo.
Todo esto lo cambió por una jubilación de miseria después de tantos años trabajados.
Cuando su hija y su yerno tuvieron que aportar para ayudarlos a vivir, Avelino se enfermó. Lo único que lo consolaban eran sus nietos Javier y Nancy a los que quería con locura y alegraron sus últimos años de vida.
Su enfermedad se fue agravando. Un Parkinson y luego una demencia senil, lo fueron dejando sin recuerdos. Su España y el terruño que tanto amó, se fueron desdibujando de su memoria y ya no recordaba las gaitas, ni las madreñas, ni conocía a su propia hija. Su esposa lo cuidaba día y noche y cumplió el juramento de: “Para toda la vida”.
Un mes entero estuvo Avelino en coma, en una pieza de hospital acompañado todo el día por su hija que varias veces lo vio sonreír levantando la cabeza, sin abrir sus ojos, hacia la esquina de la habitación.
¿Qué estaría viendo? Se preguntaba Elsa con infinito dolor. ¿A sus padres que lo venían a buscar? ¿A su casa y los campos verdes de su Asturias natal? ¿A aquella moza que lo cautivara en la travesía del barco? ¿Se sonreiría de su traje en el agua, o estaría viendo a su gente querida aplaudiendo sus obras de pie en el inmenso salón de Centro Asturiano?

De cualquier manera, papá querido, vieras lo que vieras, te fuiste rodeado del amor de tus parientes, amigos y paisanos, que vieron en vos el ejemplo de un hombre probo, que si bien no llegó a lograr sus sueños de grandeza, dejó en esta tierra de promisión, lo mejor que un hombre puede legar: tu familia, en la cual seguirás viviendo y tu propia vida de trabajo fecundo y decente.

Elsa Lorences de Llaneza


domingo, 15 de mayo de 2016

EL CAMINO DE SANTIAGO por Elsa Lorences de Llaneza

El descubrimiento de la Tumba del Apóstol, supuso para el rey de Asturias una serie de beneficios: la aglutinación de sus territorios como un solo reino, bajo la especial protección del apóstol y la cristianización de la antigua "Vía del Finisterri", ruta seguida tradicionalmente por muchos pueblos de religión céltica, hasta el pretendido fin del mundo.
De hecho, las peregrinaciones galas hacia el noreste de España se han probado arqueológicamente y se puede afirmar que los celtas, en el primer milenio antes de nuestra era, recorrían toda Europa para ir a estos sitios, donde celebraban sus matrimonios y otros ritos. Este camino precristiano se convierte así en el Camino de Santiago o Ruta Jacobea y Compostela en el tercer núcleo de peregrinación medieval, tras Roma y Jerusalén.
En el año 1122, el papa Calixto II instituyó y proclamó que en adelante tuvieran la consideración y privilegios de Año Santo Jacobeo todos los años en los que la fiesta litúrgica de Santiago, el 25 de Julio, coincidiera con el día domingo. El próximo año Jacobeo tendrá lugar en 2021.
El Camino de Santiago pasa por muchos lugares de España, algunos que comienzan en Francia. En mi visita a la tierra de mis padres (Asturias) Me encontré con otra Diosidad que me tenía preparada el Señor. La casa donde vivió mi madre de chica se convirtió, con el paso del tiempo en parador para los peregrinos que querían llegar a la Catedral de Santiago Apóstol en Galicia y que les da refugio para reponer fuerzas y seguir luego con la larga travesía.
Enorme fue mi emoción cuando apoyé mi mano sobre la pared de la casa. En parte porque la estaba apoyando sobre la casa que vio nacer a mi madre y en otra pensando en tantas ilusiones que pasan diariamente por ella. Dios fue muy misericordioso conmigo haciéndome vivir tantas experiencias emocionantes .

Elsa Lorences de Llaneza

jueves, 25 de febrero de 2016

POESÍA: "EL CAMINO DE SANTIAGO" por FRANCISCO VAQUERIZO

POEMA DEL CAMINO DE SANTIAGO
Camina que te camina, Caminito de Santiago,
con las botas bien atadas y el morral bien abastado,
hacia Galicia camina, sueño a sueño, paso a paso,
el eterno caminante del Camino más andado.
Camina que te camina, Caminito de Santiago
apenas gritan albores las Piquetas de los gallos,
Allá viene el peregrino por desiertos y poblados,
pidiendo a Dios cada día el perdón de los pecados,
con el pensamiento puesto en alcanzar el milagro
de llegar a Compostela, entrar y besar el Santo,
y admirar la maravilla del lugar tan admirado.
Camina que te camina, Caminito de Santiago,
ya quedan atrás los muros de la Abadía de Samos,
ya se adivinan al fondo las torres del templo santo
ya el camino empieza a ser un sueño realizado
ya la emoción se dispara, en tierno y gozoso llanto
para dar gracias a Dios por privilegio tan alto,
de haber conseguido hacer el Camino de Santiago.
Ahora reza el peregrino al pie del Apóstol Santo
ahora una lluvia incesante castiga los campanarios,
ahora un murmullo de rezos llena todos los espacios
y ahora va llegar por fin, el momento del abrazo.

Francisco Vaquerizo 

miércoles, 3 de febrero de 2016

Compartiendo Vivencias: "Santiago Apóstol" por Elsa Lorences de Llaneza

Desde mi más tierna infancia soñaba con hacer el Camino de Santiago. Este camino cruza varias provincias españolas hasta llegar a la Catedral de Santiago de Compostela en Galicia España, donde está enterrado Santiago el Apóstol de Jesús. En el 2011, el Señor me dio la oportunidad de llegar a la Catedral.

Subí las escalinatas embargada de emoción. ¡Tantos años soñando con este instante creyendo que nunca iba a llegar! Al arrodillarme frente a su tumba, pensé que estaba frente a los restos de un Santo que había compartido parte de su vida con Jesús y la Virgen María.

 Fue algo muy fuerte y me eché a llorar. Pasado el momento, subí por detrás del Altar Mayor, donde está la imagen del Santo para besarlo con unción y emoción. No me quería separar de él. Sin embargo una mano me tomó del brazo y me dijo: Elsa, nos tenemos que ir. Era mi primo Luis Alfonso que, junto con su esposa, nos habían acompañado a mi esposo y a mí, antes de seguir camino a Asturias, la tierra de mis padres y mi esposo.

Comencé a Caminar hacia la salida. Al pasar por el altar una monjita dijo: ¿Hay alguien que se atreva a leer la primer Lectura y el Salmo en castellano?”. No pensé en nada ni en nadie solamente dije: YO temblando de emoción. El Señor me regalaba su Diosidad y yo la recibía con gratitud y amor. No solo participé de la misa y leí la lectura y el salmo, sino que Dios me tenía preparada otra Diosidad que pocas veces se da: Ver en movimiento el Botafumeiro, un enorme incensario tomado del techo y manejado por 6 hombres que pasaba y pasaba por sobre mi cabeza y sobre todas las cabezas sentadas en la Catedral que seguían la misa. Yo no podía parar de llorar de emoción y de amor a ese Dios, mi Señor, que me había bendecido con tantos regalos espirituales que nunca olvidaré y que hoy en el día de Santiago Apóstol quiero compartir con ustedes.
Deseo amigos que lean este relato y que, así como Dios me bendijo con tantas Diosidades, lo haga también con todos ustedes. Y que Santiago Apóstol interceda ante Dios para que les conceda las Gracias que necesiten. AMÉN.

Elsa Lorences de Llaneza
elsalorences@yahoo.com.ar

sábado, 16 de enero de 2016

POESÍA: "Asturias" por Sinda Miranda

ASTURIAS
He vuelto a mi mar,
y a mis montañas.
He vuelto al lugar
donde descansan mis ancestros.
He vuelto a mi mundo
con mis palabras.
He vuelto a mis recuerdos
y a mis vidas pasadas.
He vuelto por el sol
que ilumina mi morada.
He vuelto por la luna
que de noche me acompaña.
He vuelto por amor,
en paz está mi alma...
he vuelto al paraíso
de las druidesas y la gaita.
He vuelto a mi Asturias
ya estoy en casa.

Sinda Miranda.

jueves, 24 de diciembre de 2015

POESÍA: "Evocando a Asturias" por Avelino Lorences

EVOCANDO A ASTURIAS

¡Asturias! la hermosa
florido rincón de España
que yo evoco desde aquí.
la brava y la generosa
la de la alegre alborada
y la sidra deliciosa
que da alegría al vivir.

¡Asturias! tierra galana
de allende el mar,
por humilde y por heroica
nadie te puede igualar.
Son tus valles y montañas
cual un florido vergel
y son tus ricas manzanas
tan dulces como la miel.

Asturias! la de Pelayo
quien batió a la morería
yo te adoro y te venero
por hidalga y por bravía.
Por tus famosos lagares
y sobre todo te quiero
por ser cuna de mis padres…

Avelino Lorences
Setiembre 1950
(Escrito por mi padre hace muchos, muchos años)

HERMOSÍSIMO ELSA! GRACIAS!

sábado, 19 de diciembre de 2015

POESÍA: "Viernes Santo" por Elsa Lorences de Llaneza

(La Catedral de Tarragona. Aquí estuvimos un Viernes Santo que llovía)

VIERNES SANTO
Llora el cielo llora
cómo María llora.
Hoy entierra a su hijo
a las tres es la hora.
Yo estoy en Tarragona
pensando en ti María
y me duele tu dolor
y como no puedo aliviarlo
contigo lloro mi Madre
la muerte de mi Señor,
esperando llegue el Domingo

y con él su Resurrección.

Elsa Lorences de Llaneza